A Venta

El 15 de junio de 2015, un pedazo de historia familiar se desprendió. Cada rincón de la casa de mis abielos en A Venta, San Ciprián, respira recuerdos de quienes la habitaron. Deshabitada y en venta desde hace años, fue el hogar de generaciones de mi familia materna: bisabuelos, abuelos, tíos y mi madre.

Cuando tenía cinco años mi abuela falleció y mi bisabuela, que cayó en depresión y con el tiempo se vino a vivir a casa de mis padres para que estuviese mejor atendida.

Los fines de semana en A Venta se espaciaban, y la casa tomaba una atmósfera extraña. Aunque era niño, absorbí el dolor y la nostalgia que impregnaban las habitaciones. Al poco tiempo, mi abuelo enfermó de cáncer y falleció.

Ahora, A Venta tiene nuevo dueño. Las estancias se vacían, los lazos familiares se solidifican, y las paredes murmuran el fin del legado familiar. El tiempo devora los recuerdos que anclaban la casa a la tierra, difuminando pasado y presente, haciendo que las habitaciones sean menos reconocibles, más ambiguas.

El dormitorio principal de mis abuelos se desvanece, donde naturaleza y silencio se adueñan. Los límites se borran: interior y exterior, recuerdo y olvido, presencia y ausencia. La casa se transforma, pero su historia perdura en mí.