Cimientos
En esta serie, la mano se convierte en territorio de origen.
Sobre la piel se sostiene una casa frágil, elevada por hilos que no tocan el suelo pero que lo recuerdan: los vínculos familiares, la memoria compartida, aquello que nos construye incluso cuando no es visible.
La casa aparece como símbolo de pertenencia y refugio, pero también de herencia: un lugar que pesa, que sostiene y que a veces flota. Los hilos cosidos a la mano funcionan como raíces artificiales, tensadas entre el cuerpo y aquello que nos precede.
En la segunda imagen, la raíz se transforma en planta viva. El hilo ya no solo ata, sino que da paso a la vida. La mano deja de sostener una estructura para permitir que algo crezca, caiga, respire. La planta simboliza la continuidad, la posibilidad de avanzar sin romper del todo con el origen.
Cimientos habla del hogar como algo que no siempre está bajo los pies, sino dentro del cuerpo; de los lazos que nos sujetan y de la necesidad de aprender a sostenerlos sin quedarnos atrapados en ellos.

