Ni conmigo ni sin mí

En esta serie me coso a la mano fotografías de mis seres queridos como gesto performático para explorar la relación entre memoria, afecto y pertenencia.

 

Las imágenes, fragmentos de vidas compartidas, quedan literalmente unidas al cuerpo mediante hilos que atraviesan la piel, convirtiendo el recuerdo en una presencia física, tensa y vulnerable.

 

Las manos, instrumento de contacto, cuidado y acción, sostienen aquello que amamos, pero también cargan con su peso. Coser las fotografías implica asumir que los vínculos no son solo emocionales: dejan marcas, condicionan, acompañan y, a veces, duelen. La unión se vuelve frágil, provisional, siempre a punto de romperse.

 

El título, Ni conmigo ni sin mí, alude a esa contradicción inherente a los afectos profundos: la imposibilidad de desprenderse del todo y la dificultad de sostener sin herirse. Las imágenes hablan de la presencia constante del otro incluso en su ausencia, de cómo los lazos familiares y emocionales se inscriben en el cuerpo y en la memoria.

 

Esta serie reflexiona sobre el amor, la pérdida y la huella que las personas que nos rodean dejan en nosotros, proponiendo el cuerpo como archivo vivo de las relaciones que nos construye