Vidas convergentes
En esta obra, las manos de mis seres queridos rodean la mía, presentes físicamente pero ausentes en su forma plena. Sobre mi palma, coso las siluetas de esas manos que están y no están, huellas incompletas que se inscriben en la piel como memoria y vínculo.
Las líneas bordadas recorren mi mano hasta converger en un punto central, un núcleo infinito donde todas las presencias se encuentran. Ese centro actúa como metáfora del origen común, del lazo invisible que une vidas distintas a través del afecto, el tiempo y la experiencia compartida.
La pieza reflexiona sobre la pertenencia, la ausencia y la continuidad de los vínculos humanos: cuerpos que se separan, pero cuyas marcas permanecen bajo la piel, sosteniéndonos incluso cuando no están físicamente presentes.